Desde el siglo XVI, nuestra familia se ha dedicado a la agricultura y a la ganadería, entre la campiña de Córdoba y Sevilla, siendo pioneros ya desde mitad del siglo XX, en desarrollar una economía circular y sostenible. En la actualidad, producimos aceitunas, almendras, pistachos y cereales. En nuestro negocio conviven 2 mundos entrelazados, la tradición y la modernidad, obteniendo lo mejor de cada uno de ellos. Siendo conocedores de las bondades de nuestro aceite y de la historia que atesora, hemos querido dar un paso más y compartirlo con el mundo.
La trazabilidad es un valor fundamental para nuestro negocio familiar. Controlamos todo el proceso de forma meticulosa y personal hasta que el producto llega a vuestras manos.
Desde el siglo XVI, nuestra familia se ha dedicado a la agricultura y a la ganadería, entre la campiña de Córdoba y Sevilla, siendo pioneros ya desde mitad del siglo XX, en desarrollar una economía circular y sostenible. En la actualidad, producimos aceitunas, almendras, pistachos y cereales. En nuestro negocio conviven 2 mundos entrelazados, la tradición y la modernidad, obteniendo lo mejor de cada uno de ellos. Siendo conocedores de las bondades de nuestro aceite y de la historia que atesora, hemos querido dar un paso más y compartirlo con el mundo.
La trazabilidad es un valor fundamental para nuestro negocio familiar. Controlamos todo el proceso de forma meticulosa y personal hasta que el producto llega a vuestras manos.
Nuestro aceite proviene de una antiquísima finca situada en Marchena, el cortijo Montemolín. No en vano, ya existía como tal desde antes del siglo xv, momento en el que pasa a ser propiedad de la noble Casa de Arcos.
Habiendo hablado de su historia más reciente, no podemos olvidar que Montemolín fue un enclave cultural único a lo largo de varios siglos antes de Cristo.
La llegada de los fenicios a estas tierras, en busca de metales, se produjo a finales de la edad del Bronce, allá por el siglo VIII/VII A.C.
Este hecho, fue el germen del inicio de una nueva y próspera etapa en el bajo Guadalquivir, en la que se implantaron nuevos cultivos como olivo, almendro y vid.
Monmulán es un aceite único, por sus características, por su enclave mágico, testigo de tantas civilizaciones que se establecieron en las fértiles tierras del valle del río Corbones.
Nuestro aceite proviene de una antiquísima finca situada en Marchena, el cortijo Montemolín. No en vano, ya existía como tal desde antes del siglo xv, momento en el que pasa a ser propiedad de la noble Casa de Arcos.
Habiendo hablado de su historia más reciente, no podemos olvidar que Montemolín fue un enclave cultural único a lo largo de varios siglos antes de Cristo.
La llegada de los fenicios a estas tierras, en busca de metales, se produjo a finales de la edad del Bronce, allá por el siglo VIII/VII A.C.
Este hecho, fue el germen del inicio de una nueva y próspera etapa en el bajo Guadalquivir, en la que se implantaron nuevos cultivos como olivo, almendro y vid.
Monmulán es un aceite único, por sus características, por su enclave mágico, testigo de tantas civilizaciones que se establecieron en las fértiles tierras del valle del río Corbones.
Testigo de tantas
civilizaciones
Testigo de tantas
civilizaciones
Nuestra historia
en una botella
Nuestra historia
en una botella
